Vetusta Morla – Los días raros
Vetusta Morla – Lo que te hace grande
Vetusta Morla – El el río
Vetusta Morla – Baldosas amarillas
Vetusta Morla – Boca en la tierra
Vetusta Morla – El hombre del saco
Vetusta Morla – Maldita dulzura
Vetusta Morla – Cenas ajenas
Vetusta Morla – Mapas
Vetusta Morla – Canción de vuelta
Vetusta Morla – Escudo humano
Vetusta Morla – Mi suerte
Canal de Vetusta Morla en Youtube
Letras CD Vetusta Morla Mapas [2011]
Letra Vetusta Morla Maldita Dulzura
Letra Vetusta Morla Boca En La Tierra
Letra vetustas Morla Baldosas Amarillas
Letra Vetusta Morla Mapas
Letra Vetusta Morla Cenas Ajenas
Letra Vetusta Morla Cancion De Vuelta
Letra Vetusta Morla Lo Que Te Hace Grande
Letra Vetusta Morla El Hombre Del Saco
Letra Vetusta Morla Los Dias Raros
Letra Vetusta morla En El Rio
Letra Vetusta Morla Mi Suerte
Letra Vetusta Morla Escudo Humano
Vamos a dejar 12 canciones metiditas en una cesta en la orilla del río. Un suave empujón y quedarán a merced de la corriente, dejándonos un vacío que gira hasta convertirse en una vorágine dentro de nosotros. El pobre recipiente de mimbre va a ser zarandeado, va a zozobrar, casi a volcar. Va a ser el juguete de los remolinos, va a subir y bajar sobre las ondas mientras escucha, provenientes de la ribera, griteríos y cantos de sirena, dejando atrás casas, intersecciones, islas de ciudad, mirillas y retrovisores.
Puede parecer cruel por nuestra parte, pero es justo lo que teníamos que hacer con la criatura: abandonarla. Dejarla a su suerte porque nosotros ya no le podemos dar más. Que pertenezca a otros, que la juzguen, que la ensanchen, que la muevan de acá para allá. Y que el torrente la convierta en lo que pudo ser y en lo que nunca quiso ser, en lo que nos hace grandes o miserables.
A punto de darnos la vuelta y dejar la orilla, convencidos de haber cambiado con éxito el fuego por palabras, nos daremos cuenta que no le hemos puesto nombre. Mapas, sugiere alguien. Mapas de lo que somos, trazos de nuestras conquistas, fracasos pasados o en presente continuo, colecciones de medallas y arañazos. Mapas que nos ponen delante otro mapa sin leyenda con el que avanzar, construir, o, tan solo, entender el presente.
Justo cuando nos hayamos apartado lo suficiente como para que el rumor del agua esté a punto de desaparecer, desearemos en voz baja que, cuando el retoño llegue al final de su camino de baldosas amarillas, se acuerde de sus progenitores y nos envíe unas postales sin sellar. Para entonces ya estaremos eligiendo qué equipaje dejamos atrás y cuál cargamos en la espalda antes de iniciar el siguiente viaje… esta vez sin mapas.



















































